El frío, la humedad y el calzado inadecuado aumentan los riesgos para los pies de las personas con diabetes; conocer los cuidados básicos puede prevenir lesiones, infecciones y complicaciones evitables durante el invierno.
Por Any Altamirano
HoyLunes – El invierno llega con cambios visibles —bufandas, calefacción, días más cortos— y con otros más silenciosos que afectan directamente a la salud. Para las personas con diabetes, uno de los territorios más vulnerables en esta estación son los pies. No por casualidad: el frío reduce la circulación, la piel se reseca con mayor facilidad y el uso prolongado de calzado cerrado crea un entorno propicio para pequeñas lesiones que, si pasan desapercibidas, pueden complicarse.
Cuidar los pies diabéticos en invierno no es una cuestión estética ni secundaria. Es una forma concreta de prevención, autonomía y calidad de vida.
La hidratación diaria protege la piel del frío.

¿Por qué el invierno exige más atención?
La diabetes puede afectar la sensibilidad y la circulación en los pies. En invierno, estos efectos se intensifican por varios factores:
Vasoconstricción por el frío, que disminuye aún más el riego sanguíneo.
Piel más seca y frágil, propensa a grietas.
Menor percepción del dolor, lo que retrasa la detección de rozaduras o heridas.
Calzado más rígido o apretado, usado durante más horas.
El resultado es un mayor riesgo de infecciones, úlceras y problemas que podrían evitarse con cuidados básicos y constantes.

Para proteger los pies diabéticos en invierno
Higiene diaria, sin extremos
Lavar los pies a diario con agua tibia (nunca caliente), secarlos bien —especialmente entre los dedos— y revisar la piel con atención. Un espejo puede ser útil para detectar cambios que no se sienten.
Hidratación, pero con criterio
Aplicar crema hidratante a diario ayuda a prevenir grietas, pero debe evitarse el exceso entre los dedos para no favorecer la humedad y los hongos.
Calzado que abriga sin oprimir
El zapato ideal en invierno debe mantener el calor, permitir la transpiración y no generar puntos de presión. Estrenar calzado nuevo de forma progresiva es una regla básica.
Calcetines adecuados
Mejor de algodón o lana sin costuras, cambiados a diario. Evitar los que aprietan o retienen humedad.
Nunca caminar descalzo, ni en casa
El frío del suelo y los pequeños golpes pasan desapercibidos cuando hay pérdida de sensibilidad.
Revisiones profesionales
El control periódico con personal sanitario o podología especializada no es opcional: es parte del tratamiento.
Más allá del cuidado físico: una rutina que protege
El cuidado de los pies diabéticos en invierno no debería vivirse como una carga, sino como una rutina breve que evita problemas mayores. Observar, hidratar, proteger y consultar a tiempo son gestos pequeños con un impacto grande.
En salud, especialmente en diabetes, la prevención no es un discurso: es una práctica diaria.

El invierno pone a prueba al cuerpo, pero también a los hábitos. Para las personas con diabetes, cuidar los pies en esta estación es una forma silenciosa de autocuidado que habla de responsabilidad y de respeto por el propio cuerpo. No se trata de vivir con miedo, sino de vivir con atención. Y en ese equilibrio, los pies —aunque a menudo olvidados— merecen un lugar central.


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